Carlos Cenalmor – Psiquiatra y psicoterapeuta

Estrés postvacacional: lo que no te cuentan (y sí necesitas saber)

A finales de las vacaciones empieza a notarse. Una mezcla de desgana, de ansiedad anticipatoria y de preguntas que no sabes si hacerte: “¿De verdad tengo que volver a todo eso?”. A eso le llamo estrés postvacacional

Es ese estrés que revela que algo no encaja. Que no es normal tener vacaciones que nos sientan tan bien… y un trabajo o una vida que nos sienta tan mal.

Y sin embargo lo normalizamos. 

Como si fuera una especie de virus estacional: unos días de bajón y listo, “ya verás como se te pasa”. Pero ¿y si no se pasa? ¿Y si lo que empieza como un estrés leve se va colando en el cuerpo hasta quedarse a vivir?

Porque ese es el problema real. El estrés postvacacional no es una enfermedad. Es un síntoma. Una señal del cuerpo y la mente de que algo no va. Como ese pequeño pitido en el coche que al principio ignoras, hasta que un día te deja tirado en mitad de la autovía.

El retorno imposible

Volver de unas vacaciones no siempre es difícil. Lo es cuando lo que encuentras al otro lado de la vuelta no tiene suficiente sentido. O no te cuida, ni te deja espacio para respirar. Lo es cuando vienes de estar conectado, descansado, vivo… y lo que te espera es un entorno donde no puedes ser tú.

Ese contraste, entre lo vivido en vacaciones y lo que te espera al volver, es lo que duele. Es lo que nos desregula. No es que estés débil, es que tu cuerpo ha recordado lo que es estar bien. Y al volver, se defiende.

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Lo que puedes hacer (de verdad)

Olvídate de los consejos simplones tipo “ponte horarios” o “no te reincorpores de golpe”. Son útiles, sí, pero se quedan cortos si lo que hay de fondo es un malestar más profundo. Si lo que te pasa no es una mala semana… sino una forma de vida que no te deja respirar. Aquí van tres estrategias de verdad:

  1. Cuida tu “estado” más que tus tareas.
    Volver a trabajar no debería implicar descuidarte. ¿Cómo estás físicamente? ¿Qué necesitas para volver a sentirte fuerte, despierto, sereno? Tu cuerpo es la base. Si está bien, todo lo demás se asienta sobre él. Si está mal, el castillo se derrumba.
  2. Sé honesto con tu entorno (y contigo).
    Si tu malestar es profundo, exprésalo. En tu empresa, en casa, en voz alta. No para que te solucionen nada, sino para empezar a tomar las riendas. Hacer como que “todo está bien” solo alarga el dolor. Y si eres autónomo… háztelo a ti. Mírate al espejo. Pregúntate si de verdad quieres seguir igual.
  3. Recupera tu propósito.
    ¿Qué sentido tiene lo que haces? ¿Qué parte de ti se queda fuera cada vez que entras a la oficina? Quizá el estrés postvacacional es la señal de que te has alejado demasiado de lo que importa. Y que toca volver.

Volver del verano no debería doler. De hecho, no dolía cuando éramos niños. Porque la vida seguía teniendo sentido después. Porque seguíamos jugando. Seguíamos sintiendo. Seguíamos siendo.

Quizá el camino de salida del estrés postvacacional no sea “acostumbrarse” otra vez… sino recuperar esa conexión.

Esa es la brújula.

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Cuídate mucho y disfruta de la vida.

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