Después de una dura jornada de 12 horas escalando hasta la cima del Naranjo de Bulnes, me senté en una roca. En la cima. Quería, simplemente, sentir, vivir el momento. Estaba agotado, física y mentalmente. Ahí, rodeado de un silencio inmenso y de vistas que parecían infinitas, sucedió algo que me hizo darme cuenta de lo importante que es el presente, la conexión con el momento. Comprendí que la vida, como la escalada, no es solamente esfuerzo, sino también la capacidad de vivir momento y de vivir el ahora.
Ahora te cuento lo que me sucedió, pero quiero hacerte pensar un poco más antes.
El poder de vivir el momento y conectar con el presente
Uno de los mayores aprendizajes de la escalada es la importancia de conectar con el ahora. Mientras subía por el Picu Urriellu, cada paso requería toda mi atención. De hecho, no estar completamente enfocado en esa escalada, podría haberme costado muy caro.
En la vida diaria, es fácil dejarnos llevar por las preocupaciones del pasado o la incertidumbre del futuro, pero en la montaña, cada decisión, cada movimiento, es una llamada constante a vivir el momento presente (aquí, en menos de un minuto, te dejo algunos tips para disfrutar del presente, al tiempo que trabajas por tu futuro)
Estar allí arriba me hizo reflexionar sobre lo valioso que es vivir el ahora. No se trata solo de estar físicamente en un lugar, sino de estar mentalmente y emocionalmente presente. Es en esos momentos de plena conciencia cuando realmente nos conectamos con nuestra esencia.
En una sociedad que nos empuja a pensar siempre en lo que viene después, que nos exige resultados y productividad constante, nos olvidamos de que el verdadero poder está en el ahora. Desde esa roca en la cima del Urriellu, el presente era lo único que existía. Y era suficiente.
¿Qué sucedió? La lección del viento y la semilla voladora
Mientras me encontraba en lo alto del Naranjo de Bulnes, observando el vasto paisaje que se extendía ante mí, algo captó mi atención. Una semilla voladora, de esas pequeñas bolitas blancas que flotan en el aire, apareció de la nada. Viajaba desde el valle, y había ascendido lentamente hasta superar la cima. Lo hizo sin esfuerzo, dejándose llevar por la brisa suave del atardecer. Me quedé mirándola… pensando en lo mucho que me había costado a mí llegar hasta ahí arriba, y lo poco que le había costado a ella. Y comprendí la lección que me había venido a dar.
Esa semilla no estaba luchando contra el viento, no forzaba su camino. Simplemente confiaba. En la vida, muchas veces sentimos la necesidad de controlar todo, de luchar, de forzar el resultado. Yo mismo me encuentro haciendo esto con frecuencia, dándole vueltas a mis proyectos y poniendo con frecuencia más esfuerzo mental del que hace falta en ellos. Pero quizás, como la semilla, nos iría mejor aprendiendo a soltar y confiar. Al igual que la semilla, también en nuestras experiencias más intensas podemos encontrar la calma si aprendemos a vivir el momento.
Al ver esa semilla sentí una liberación: no todo depende de nosotros. No siempre tenemos que tener el control. Hay un equilibrio sutil entre el esfuerzo y la confianza, entre el empuje y el dejarse llevar. En la montaña, como en la vida, no podemos controlar todo, y en muchos casos, intentar hacerlo solo nos agota.
La sociedad moderna nos ha enseñado a valorar el control, a medir nuestro éxito por lo que logramos controlar. Sin embargo, lo más valioso de la vida, esas experiencias profundas y transformadoras, no pueden ser controladas. Simplemente suceden cuando estamos abiertos a ellas. Como la semilla, que llegó a lo alto sin forzar, simplemente dejándose llevar por el viento.
Desde aquella cima, con el viento acariciando mi piel y el mar cantábrico de fondo, entendí que parte de mi estrés venía de esa necesidad constante de controlarlo todo. De creer que solo con mi esfuerzo llegaría donde quiero estar. Pero la vida, como me susurró el viento ese día, es mucho más que eso. Es también jugar, soltar, confiar en que el universo tiene su propio plan y que, a veces, lo mejor que podemos hacer es simplemente dejarnos llevar.
La próxima vez que te enfrentes a un reto en tu vida, recuerda que no todo está en tus manos. Deja espacio para el viento y recuerda vivir el momento.
¿Se puede subir al Naranjo de Bulnes sin escalar?
La respuesta es que no. No se puede subir a esa cima sin escalar. Y esto es interesante: por mucha fuerza que tengas, no te servirá de nada, si no tienes el conocimiento, la estrategia y la técnica de un escalador. Y solo teniendo eso podrás disfrutar del ascenso. En la vida, como en la montaña, hay momentos en los que el mayor esfuerzo no sirve de nada.
Si quieres más consejos, reflexiones y herramientas para vivir el presente, encontrar el equilibrio y superar el burnout, te invito a unirte a mi newsletter diaria. Cada día recibirás en tu correo una dosis de inspiración para ayudarte a disminuir el estrés, conectarte con lo que realmente importa y llevar una vida más plena.
Cuídate mucho y disfruta de la vida.

